TP. 45′ | VARIOS ESPACIOS

 

Desde que Alexa Lecomte (funambulista francesa) y Jordi Panareda (electricista barcelonés) se encontraron en septiembre 1998 en el Circo Crac, un hilo en común cargado de chispas les condujo a crear Circ Pànic. Sus espectáculos, frescos y directos, se abren a la innovación, buscando la complicidad con el público dentro de una línea que apuesta por la imaginación y el humor en sintonía con el lenguaje del nuevo circo.

En la línea de Servicios a domicilio, La caravana pasa o L’home que perdía els botons, que pudimos ver hace años, en MiraT propone una nueva manera de utilizar el mástil, integrándolo en una estructura casi escultural, una balanza de grandes dimensiones en forma de T construida con madera y hierro. En la pista, un hombre y una gran balanza, jugando con pesos y contrapesos, emprende un viaje hacia los límites del equilibrio. Esa es la base y el eje en torno al cual gira el espectáculo. Porque somos satélites que giramos alrededor de nosotros mismos, de nuestras vidas e, inevitablemente, alrededor de otros. Y, a veces, algún cuerpo externo interfiere en este movimiento y todo toma otro rumbo. Por eso, MiraT es un juego de miradas cruzadas. De ti hacia él y de él hacia ti. Mirarse, confrontarse con la propia soledad, tomar la decisión de hacer un viaje personal y transcribirlo en la pista. Una invitación a mirarse sin autocomplacencia pero también sin soberbia, con humor, en una constante búsqueda del equilibrio, oscilando, girando, bailando.

Este montaje se plantea como un proceso de reflexión sobre la vida. Mientras Panareda investigaba sobre las posibilidades innovadoras del mástil, el mundo asistía a través de sus pantallas a la “crisis de los refugiados”, personas arriesgando la vida y muchas veces perdiéndola. Por eso MiraT es un cuestionamiento sobre lo que significa tomar una decisión importante, una decisión que te puede cambiar la vida y sobre el tránsito que se tiene que efectuar para alcanzar el objetivo que nos proponemos. En momentos así, la soledad es inmensa. Una actuación no se limita sólo a los 40 minutos que dura la función. Comienza al marchar de casa, al iniciar un viaje de miles de kilómetros para llegar al público y crear una atmósfera, como una constelación en la cual somos uno. Las emociones traspasan cualquier barrera emocional. Y sigue en los corazones y las mentes de los que hemos estado reunidos, en forma de imágenes y sensaciones.

MiraT quiere ser, así, un viaje simbólico, una invitación a la reflexión sobre la frágil condición del ser humano, una propuesta para reflexionar sobre el equilibrio ilusorio de la vida en la que cada uno de nosotros, en cualquier momento, se puede encontrar en una situación límite. Algunos dejan su lugar de origen para aventurarse en tierras desconocidas, otros se refugian escondiéndose de la sociedad misma. Somos acaso seres a la deriva, en busca de un lugar que pueda ser nuestro, personas llenas de miedo y esperanza, de resignación y de ilusión. Cada uno con su balanza interior, que oscila entre un sentimiento y otro.

PASES

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