TP. 40′ | VARIOS ESPACIOS

 

Tataranieto de Pulcinella, de Italia; bisnieto de Mister Punch, del Reino Unido; primo de Guiñol, de Francia; pariente de Kasperl, de Alemania; y hermano de leche de don Roberto, de Portugal, este hijo del mundo, Don Cristóbal, se ha perdido, olvidado quizá bajo las tablas de un retablillo en ruinas. Es valiente, pendenciero, camorrista, socarrón, generoso y muy guasón. Maneja la garrota con presteza y habilidad pasmosa, es, en fin, un cúmulo admirable de virtudes sin par… Y es, también, uno de los espectáculos talismán del grupo Libélula y Julio Michel. En homenaje a él desde Titirimundi volvemos a salir a buscar a este personaje como lo hizo Libélula, allí donde se sabe que saciaba sus pasiones: en las tabernas, en las plazas de toros, en casa de su amigo el barbero, o en el castillo embrujado que guarda prisionera a una bella cautiva. Y lo hacemos de la mano de David Faraco y Sofie Krog.

El espectáculo, protagonizado por Cristobita, el nieto de Don Cristóbal, consta de tres pequeñas obritas, adaptaciones basadas en los géneros populares del repertorio tradicional europeo y, sobre todo, de los “robertos” portugueses: El castillo encantado, donde Cristobita, al igual que Juan sin miedo, tendrá que enfrentarse a los dragones, fantasmas y vencer los eligros que se interponen en su camino para rescatar a la bella cautiva; La Corrida de toros, una divertida parodia de una corrida de toros, con Cristobita de primer espada; y El barbero, una pieza tradicional del repertorio portugués de fantoches, donde El barbero y Cristobita se enzarzan en una disputa por el precio del afeitado, que termina con la muerte de La Muerte. Todo ello al ritmo trepidante de los títeres de guante y cachiporra con un colofón festivo. Como a Julio Michel le gustaba.

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