Función Escolar

 

Mimaia es una palabra utilizada en el sur de España para indicar un refugio en el juego del escondite. Pero podría ser un lugar donde podamos “salvar” a los niños que todavía habitan en nosotros. Un refugio donde desde 2008, de manera poética y cercana, esta compañía, a caballo entre Barcelona y Francia, intenta expresar su forma de ver el mundo gracias al teatro de objetos y marionetas, jugando con la realidad, dando vida a lo material. Sus creadoras, Dora Cantero, una titiritera que formó parte de Periferia Teatro y su Guyi-Guyi, y cuya voz, se dice que una de las más hermosas en el mundo de los títeres, enamora, embauca, mece entre palabras que saben a vida. Residente ocasional como investigadora en el Institute de la marionnette de Charleville-Mèziéres, Puk Theatre en Tokio, Centro Párraga de Murcia y Fabra i Coats de Barcelona, se unió en Arbequina (espectáculo intimista para adultos sobre la historia de un mimo tomando la metáfora de las variedades de la aceituna, más tarde llegaría Adiós Bienvenida), a la actriz, músico y titiritera llegada de Suiza Mina Ledergerber-Mina Trapp, que toca todo instrumento que la eleve un poco más del suelo. De tanto ir por los aires, la flauta y el clarinete. De andar por los caminos, la guitarra y el violín. De tanta nostalgia, el acordeón.

En una escenografía que representa un antiguo mueble con cajones de madera, símbolo del interior de la tierra que guarda también sus tesoros en pequeños compartimentos y que desemboca en pasadizos, túneles, se desarrolla Peloloco. Una historia inspirada en la novela Rosso Malpelo de Giovani Verga sobre un niño marginado, víctima de un sistema cruel con el más débil y de una falta de amor que le hace estar a la defensiva de cualquier ser humano. El niño trabaja en las minas de azufre de Sicilia y desaparece bajo la tierra, cavando un túnel por un lugar peligroso donde nadie se atreve a ir. En la propuesta de Mimaia, con un sublime uso de la poética, títeres de guante y títeres de talla humana, y un final más amable y esperanzador que el de la novela italiana, el personaje principal es Peloloco, un niño de pelo rojo y desordenado que ya conoce el trabajo duro de la mina, el sabor de la tierra y de las piedras, y sabe que en alguna parte existe el sol y el mar. Lleva tanto tiempo bajo la tierra que a veces olvida dónde está el cielo o confunde las estrellas con diamantes, la realidad con la imaginación. Cansado de su destino, Peloloco emprenderá un viaje subterráneo en el que cruzará fronteras desconocidas, llegando inesperadamente a estar más arriba de lo que nunca creyó estar. Pero estar arriba no es exactamente como él se imaginaba… Una tierna historia que habla de las fronteras que nos separan y de la importancia de poder equivocarse para darnos cuenta de que, a veces, las cosas no son lo que parecen ser.